
Barcelona cierra casi 20 años de cruda discusión en el Ayuntamiento para unir el Trambaix y el Trambesòs
El tranvía en Barcelona no es el niño al que acompañas al cole y dejas que cruce solo el último paso de peatones para que te salude desde el otro lado y entre solo a la escuela. Al tranvía lo coges de la mano bien fuerte y no lo sueltas hasta que esté sentado en el aula, saque el estuche y la carpeta y el profesor haya empezado la lección. Y aún así, tienes que vigilarlo desde el ojo de buey de la puerta, no vaya a escaparse por la ventana. Sirva la metáfora para entender, tras casi 20 años de pugna política, que lo que ha votado este martes el Ayuntamiento para impulsar la fase 2 del tranvía por la Diagonal, entre Verdaguer y Francesc Macià, puede parecer un paso irrevocable para unir el Trambesòs y el Trambaix. Pero no lo es. Por dos razones: porque la ejecución de las obras salta al próximo mandato, con lo que el siguiente gobierno podría no asumir el compromiso, y, sobre todo, porque el dinero no está garantizado.
La comisión municipal de Urbanismo ha dado el visto bueno político definitivo a la parte del proyecto que corresponde al Consistorio, esto es, la reurbanización del espacio público afectado por la prolongación del tranvía, que en este tramo generará tres nuevas paradas, y la ampliación del colector de agua (se dobla su capacidad) que pasa por debajo de la avenida Diagonal, una obra tan invisible como imprescindible para hacer frente a los bruscos fenómenos meteorológicos que cada vez son más frecuentes.
El calendario
Las obras, tras licitar los proyectos a finales de año, podrían empezar en el segundo semestre del 2027
El proyecto ferroviario, que asciende a unos 80 millones de euros, corresponde a la Autoritat del Transport Metropolità (ATM), organismo que el mes que viene, vía consejo de administración, aprobará definitivamente su parte del plan. En números redondos, la ciudad pagará unos 110 millones, con lo que los tres kilómetros pendientes para unir los dos ramales saldrán por algo menos de 200 millones, más o menos lo que costó el túnel viario que pasa por debajo de las Glòries.
Con todo, y si el proyecto tira adelante, las obras tendrán una duración prevista de 40 meses. El retraso de medio año en la ejecución de la fase 1, el tramo Glòries-Verdaguer, abierto en noviembre del 2024, invita a pensar que quizás se alargue la cosa. Tras la firma del convenio económico entre ambas administraciones (el Govern paga la factura de la ATM) llegará el momento de licitar las tres patas de la transformación. Si nada lo evita, a mediados del año que viene podrían llegar las adjudicaciones, para, en el segundo semestre del 2027, empezar los trabajos del colector.
Es mucho aventurar, pero la conexión total podría estar lista a mediados del 2031, poco antes de que venza, en el 2032, la concesión privada a la empresa Tram. Así las cosas, siempre que el Ayuntamiento y la Generalitat consignen el dinero, por la vía ordinaria del presupuesto aprobado o per la ampliación de crédito que requeriría de una mayoría en el pleno municipal y en el Parlament, todo parece dispuesto para que la ciudad cierre uno de los capítulos más largos de su historia moderna.
El recado
ERC vota a favor del proyecto, pero le recuerda al president Illa que el plan necesita presupuestos aprobados
El debate en la comisión ha dejado claro que los propios concejales están ya algo cansados del tema. A pesar de la importancia del momento, para nada ha brillado la vehemencia del pasado, cuando antiguos ediles o alcaldes como Jordi Hereu, Xavier Trias, Alberto Fernández Díaz, Joaquim Forn o Janet Sanz se azotaban de lo lindo a favor y en contra. Ha sido un toma y daca plano, hasta cierto punto previsible.
El proyecto de urbanización se ha aprobado con los votos favorables de PSC, Esquerra –que ha recordado al Govern que sacar adelante los presupuestos del 2026 “implica cumplir con los compromisos”– y BComú (24 sufragios), mientras Junts, PP y Vox, con argumentos similares –sobre todo la rigidez de la infraestructura– han unido sus 17 asientos para decir no al tranvía. Ha habido más cuórum con el colector, que ha cosechado la sola abstención de Vox mientras que el resto han votado favorablemente. Las virtudes de lo invisible.
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